–Me gusta tu compañía. Es que contigo puedo hablar de cualquier cosa. Y no me siento incómodo. No es como con Alejandra, que sólo hablo de estas cosas con ella para incomodarla. Y sólo cuando estamos con Tomás. Con Tomás sí puedo hablar, pero él es un chico. En cambio contigo me siento de lo más cómodo hablando de lo que sea. Videojuegos, chicas, caricaturas. ¡Lo que sea!
Sólo asentía y reía pensando que era una gran manera de dejar traslucir que no me veía más que como a una amiga. Gracias a Dios él a mí no me gustaba más que como un amigo. De lo contrario ahora me sentiría sumamente herida.
Dicen que las chicas somos complicadas, pero los chicos también. Que me caigas bien, no significa que me gustes. Y que me ría contigo no quiere decir que quiero ser más que tu amiga. Es simple. Y es algo que los hombres deberían aprender.
Así como se defienden que no todos ellos son iguales, no todas las mujeres son iguales tampoco. Que haya quienes coqueteen riéndose contigo no significa que quien se ría contigo deseé coquetear o algo más que una amistad.
Sacudí mi cabeza aun con una sonrisa en los labios y miré a Héctor.
–Eres un tonto. –No hacía mucho tiempo que conocía a Héctor, pero desde el primer momento me cayó bien. Con el paso de los meses nos hicimos amigos y henos aquí.
–¡Por Dios, es tarde! –gritó al mirar la hora en su celular–. Llegaremos tarde. Vámonos.
Y sin mayor ceremonia nos dirigimos desde la pequeña cafetería en que nos encontrábamos al edificio del frente, donde teníamos clase dentro de tres minutos, bajo un pequeño paraguas que no nos protegía completamente de la lluvia.
Escrito por: Gisselle Beras
Creado hace mucho tiempo y se le tumbó el polvo para sacarlo a la luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario