Ese momento, puede ser una hora, un día, un mes o una vida, en el que te sientes ansioso. No encuentras qué hacer, o mejor dicho lo que tienes que hacer no es lo que quieres hacer. No te concentras, divagas y pierdes el tiempo. Al final de la hora, el día o la vida no has hecho nada. Ni lo que tenías que hacer ni lo que querías hacer.
No quieres eso, así que te presionas para hacer lo que tienes que hacer. Ya luego harás lo que quieras. Pero barajas tus opciones una y otra y otra vez y cuando te das cuenta no has terminado de hacer lo que tenías que hacer, pero tampoco has hecho lo que quieres del todo. Te interrumpes a ti mismo y eres tú tu mayor obstáculo.
Ahí es cuando más difícil se vuelve. Luchar contra quienes se te oponen es fácil, hasta lógico. Luchar con quienes piensan igual que tu es más difícil, pero a veces lo hacemos. Pero lo que en verdad cuesta, y muchos no quedan bien parados, es luchar contra uno mismo.
La ansiedad, los instintos, la carne, todo. Cada cosa que no nos gusta, que tratamos de evitar, pero volvemos a hacer, cosas de las que huimos. Nos persiguen, o tal vez no corremos tan rápido para que nos atrapen. No corremos lo suficiente y decimos luego que lo intentamos. La pereza, la lujuria, la envidia.
No vale la pena intentarlo si no se intenta de verdad. Intentar algo de verdad es ponerle ganas, fuerza de voluntad y pararse luego de caer. No dejarse agarrar.
Nosotros somos nuestros peores enemigos. Conocemos nuestros puntos fuertes, pero también los débiles. Eso hace nuestra lucha más difícil. El espíritu es fuerte, pero la carne es débil. Pero a veces la carne predomina, porque no alimentamos nuestro espíritu. Y engordamos a la carne.
Cuando nos dejamos vencer por nuestra carne nos sentimos débiles, sucios, indignos. Nos prometemos a nosotros mismos que no volverá a pasar y luego dejamos que pase. Lo peor, creo, es que cuando hacemos la promesa sabemos que no la cumpliremos porque no haremos nada para evitar que pase de nuevo.
Tantas veces he planificado mentalmente cómo haré las cosas y tantas veces no lo he hecho que me avergüenzo de mí misma. Me avergüenzo.
Escrito por: Gisselle Beras
Creado hace mucho tiempo y se le tumbó el polvo para sacarlo a la luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario