Mentiras, engaños, desconfianza. ¿A dónde iremos a parar? Pero, más acuciante aun, ¿dónde estamos?, ¿qué nos pasó?, ¿cómo llegamos hasta aquí?
Son preguntas que rondan mi mente. Y no encuentro respuestas. La duda me corroe y tú no haces nada para ayudarme, para salvarme. Para salvarnos.
Ya no te importo, parece. Si te importo, lo escondes muy bien. Aparentas que sí, pero no. Yo lo veo, cuando estamos solos. En la intimidad, en la oscuridad, en la soledad.
La cama está fría. Estás ahí, pero no te siento. Tu calor ya no llega hasta mí. Te tengo en frente, físicamente. Tu mente, tu corazón, ¡hasta tu alma! están lejos. Ya no me perteneces. ¿Desde cuándo es así?
Los niños juegan y tú te alejas, pero tu cuerpo sigue con nosotros. Van a la escuela y te desentiendes de todos. Ya son grandes y se están volviendo independientes, tú también. Empiezan a irse de casa y tú tardas en el trabajo. Ya sólo nos queda uno y tú miras el reloj, queriendo que el tiempo avance.
El nido está vacío y remontas el vuelo. Ellos vivieron una infancia feliz, me digo y eso me consuela. Di lo mejor de mí y creo que tú lo intentaste al menos. Pero no lo entienden. Cómo, después de tanto tiempo, sus padres se separan.
Ellos no, pero yo sí. Y ya no me duele tanto como hace diez años me dolía. Como me dolía hace veinte años. Aguantamos. Yo aguanté y tú me aguantaste.
Ya somos todos adultos. Podemos, sino entender, aceptar la situación. Quizás ahora estemos mejor.
Escrito por: Gisselle Beras
Creado hace mucho tiempo y se le tumbó el polvo para sacarlo a la luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario