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lunes, 18 de diciembre de 2017

El Mamey

Un día como cualquier otro visité El Mamey, un campo poco más allá de Higüey, pensé que sería de lo más aburrido, nada entretenido. Me equivoqué, disfruté mucho mi estadía en aquel lugar al que fuimos.
No lo sé, ignoro si todo El Mamey es así, bello y cuidado y hermoso; pero a partir de aquel día, para mí El Mamey es a donde fui; subiendo una loma cubierta de joven y verde césped, se elevaba una hermosa casa.
Hermosa casa sí, pero igual de hermoso el espacio a su lado, un fogón, una cocina de campo, de una belleza nítida pero poco apreciada. La casa te la podrías encontrar en medio de la ciudad, pero aquel espacio techado donde compartimos sólo estaba allí.
La belleza de lo que para mí es El Mamey no sólo reside en aquel lugar de cobijo, sino también en sus alrededores. Desde el exterior, en donde te pares, tienes una vista hermosa.
El suelo es verde y fértil, hay unas cuantas matas de cerezas y mangos, también hay una empalizada más allá, y detrás de esta decenas de alimentos y frutos. Debajo de esa tierra hay sustento para el que lo sabe buscar, y también lo hay para el que sólo ve hacia adelante y no repara en donde pisa.
La caña más dulce la comí en El Mamey, eso es mucho, siendo que vivo rodeada de caña, pero cierto. Dulce, jugosa y suave.
En el horizonte se mezclan cielo y nubes y montañas. Me entristezco al partir, dejo El Mamey atrás, con su cocina de campo y su caña y su horizonte... Y lo añoro hasta el día que vuelva.

Escrito por: Gisselle Beras


Creado en algún punto de 2013, según muestran los registros, y se le tumbó el polvo para sacarlo a la luz.

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